La mamografía también podría utilizarse en un futuro para detectar patrones relacionados también con el riesgo de determinadas enfermedades cardiovasculares.

Hay pruebas médicas que nacieron para buscar una enfermedad concreta y que, con el paso del tiempo, terminan enseñándonos mucho más de lo que esperábamos. La mamografía es una de ellas. Durante décadas, su objetivo ha sido muy claro: detectar el cáncer de mama lo antes posible, cuando las posibilidades de tratamiento son mayores. Millones de mujeres se someten cada año a esta prueba como parte de los programas de prevención. Van a hacerse una mamografía pensando en sus mamas, en la posibilidad de encontrar un tumor y en la tranquilidad de saber que todo está bien.

Pero quizá esa misma imagen pueda contarnos algo más. Esta semana se han presentado en el Congreso Europeo de Cardiología unos resultados que abren una posibilidad extraordinariamente interesante: utilizar inteligencia artificial para analizar mamografías y detectar patrones relacionados también con el riesgo de determinadas enfermedades cardiovasculares. Los investigadores analizaron casi 100.000 mamografías correspondientes a unas 30.000 mujeres. El algoritmo fue capaz de identificar patrones asociados a antecedentes de ictus, hipertensión y cardiopatía isquémica, con resultados especialmente llamativos para el ictus y la hipertensión.Antes de lanzar las campanas al vuelo conviene hacer una aclaración importante. Una mamografía no se ha convertido en una prueba cardiológica.

La inteligencia artificial no está viendo un infarto escondido detrás de la imagen de una mama ni puede diagnosticar por sí sola una enfermedad cardiovascular. Lo que está haciendo es mucho más sutil. Está encontrando patrones que nuestros ojos no son capaces de reconocer y que parecen estar relacionados con determinadas enfermedades. Y ahí comienza lo verdaderamente fascinante.

Una prueba, dos oportunidades

Cuando hablamos de salud de la mujer, el cáncer de mama ocupa inevitablemente un lugar protagonista. Y debe ocuparlo. La detección precoz ha permitido mejorar de manera extraordinaria el pronóstico de muchas pacientes. Pero existe otra enfermedad que, probablemente, recibe menos atención de la que merece. Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo una de las principales causas de muerte entre las mujeres. Infartos, ictus y otras enfermedades relacionadas con el corazón y los vasos sanguíneos no son, ni mucho menos, patrimonio exclusivo de los hombres.

Durante demasiado tiempo hemos mantenido la idea de que el corazón era un asunto fundamentalmente masculino. Y esa percepción ha hecho que determinados factores de riesgo cardiovascular hayan recibido menos atención en las mujeres. Aquí es donde una herramienta como esta podría adquirir un enorme valor preventivo. Imaginemos a una mujer que acude a su revisión mamográfica. No tiene dolor en el pecho, no se encuentra especialmente cansada y nunca ha pensado que pueda tener un problema cardiovascular. La mamografía es normal desde el punto de vista del cáncer.

Pero la inteligencia artificial detecta en la imagen un patrón que, según lo que conocemos, podría asociarse a un riesgo cardiovascular superior al esperado. Eso no significa que esa mujer tenga una enfermedad. Significa que quizá acabamos de recibir una señal de alarma que antes no teníamos. Y una señal de alarma puede ser una oportunidad.

Podría llevarnos a revisar su presión arterial, sus niveles de colesterol y glucosa, sus antecedentes familiares, su peso, su actividad física o determinados hábitos. Podría hacer que una persona que aparentemente estaba sana descubriera que tenía varios factores de riesgo que desconocía. La diferencia entre detectar un riesgo y detectar una enfermedad cuando ya ha aparecido puede ser enorme. Eso es prevención.

La inteligencia artificial no mira como nosotros

Hay algo especialmente interesante en todo esto. Una mamografía contiene mucha más información de la que el ojo humano puede procesar. Un radiólogo busca signos concretos: masas, distorsiones, asimetrías, microcalcificaciones y otras alteraciones que puedan sugerir la presencia de un tumor. Es una tarea enormemente compleja que requiere años de formación y experiencia. Pero una inteligencia artificial puede analizar una imagen de una manera completamente diferente.

Puede estudiar miles de características simultáneamente y compararlas con enormes cantidades de datos clínicos. Puedeencontrar relaciones muy sutiles entre pequeños patrones de una imagen y determinadas enfermedades que, individualmente, resultan imposibles de reconocer para una persona. No significa que la máquina sea más inteligente que el médico. Significa que puede hacer algo que ningún médico podría hacer a esa escala: buscar patrones en decenas de miles de imágenes sin cansarse y sin perder capacidad de análisis. Y esto puede cambiar nuestra forma de entender las pruebas médicas.

 

El corazón también deja pistas

Existe además una pista que ayuda a comprender por qué esta investigación tiene sentido. En algunas mamografías pueden observarse calcificaciones en las arterias mamarias. Se trata de depósitos de calcio en las paredes de pequeños vasos sanguíneos que, aunque no equivalen a tener una enfermedad coronaria, se han relacionado con un mayor riesgo cardiovascular. Una revisión reciente que reunió datos de unas 30.000 mujeres encontró que la presencia de estas calcificaciones se asociaba con un aumento significativo del riesgo de eventos cardiovasculares futuros.

La inteligencia artificial intenta ir más allá de detectar únicamente este tipo de hallazgos conocidos. Puede analizar la imagen completa y descubrir patrones que hasta ahora no sabíamos que tenían valor clínico. Es como si lleváramos años mirando un cuadro buscando solamente una figura concreta y, de repente, descubriéramos que en el fondo hay decenas de detalles que nunca habíamos aprendido a interpretar. El cuerpo está lleno de información. El problema es que todavía no sabemos leerla toda.

La verdadera revolución no es la tecnología

Podríamos pensar que esta historia trata sobre inteligencia artificial. En realidad, trata sobre prevención. Porque la tecnología solo tiene sentido si consigue que lleguemos antes. Antes de un infarto. Antes de un ictus. Antes de que aparezca una enfermedad cardiovascular que podríamos haber prevenido. Ese es probablemente uno de los grandes cambios que veremos en la medicina de los próximos años.

Hasta ahora hemos utilizado las pruebas médicas para responder preguntas muy concretas. Una mamografía buscaba cáncer de mama. Un electrocardiograma estudiaba la actividad eléctrica del corazón. Una resonancia analizaba una articulación o una columna. Pero las herramientas de inteligencia artificial pueden permitirnos descubrir que esas pruebas contienen mucha más información de la que pensábamos. Una misma imagen podría ofrecer varias pistas diferentes. Una misma prueba podría convertirse en una oportunidad para detectar distintos riesgos. Y una consulta médica podría empezar a anticiparse a la enfermedad en lugar de limitarse a tratarla cuando ya ha aparecido.

Todavía queda mucho camino

Precisamente porque la noticia es tan atractiva, conviene ser prudentes. Los resultados presentados esta semana proceden de un estudio retrospectivo y todavía necesitan ser confirmados en investigaciones independientes y prospectivas. Encontrar una asociación entre un patrón radiológico y una enfermedad no significa automáticamente que utilizar ese patrón en la práctica clínica vaya a reducir infartos o ictus.

La medicina necesita demostrar que una herramienta no solo predice, sino que ayuda realmente a tomar mejores decisiones y mejora la salud de los pacientes. Ese camino todavía está por recorrer. Pero eso no disminuye la importancia de la investigación. Al contrario. Nos recuerda que quizá estamos empezando a entrar en una medicina capaz de aprovechar información que hasta ahora permanecía oculta.

Una idea para quedarse

Una mujer acude a hacerse una mamografía. Va pensando en una enfermedad y quizá, sin saberlo, la imagen pueda ofrecer una pista sobre otra.

No para asustarla. No para convertir una prueba rutinaria en una sentencia.

Sino para ofrecerle una oportunidad.

La oportunidad de descubrir que tiene una presión arterial demasiado alta, un colesterol que debería controlar o un riesgo cardiovascular que merece ser estudiado. La oportunidad de cambiar determinados hábitos cuando todavía hay tiempo para hacerlo.

Porque la medicina preventiva consiste precisamente en eso: en encontrar hoy aquello que todavía estamos a tiempo de cambiar.

Quizá algún día una mamografía no sea solamente una fotografía de la mama.

Quizá sea también una pequeña ventana hacia el resto de nuestro organismo.

Y entonces entenderemos que las pruebas médicas no solo sirven para encontrar aquello que estamos buscando.

A veces también nos permiten descubrir aquello que todavía no sabíamos que necesitábamos encontrar.

La mamografía nació para buscar el cáncer. Quizá el futuro consiga que también nos ayude a cuidar el corazón.