• Existen diversos tratamientos para mejorar este problema.
  • La recuperación nunca es inmediata, sino progresiva, y la reincorporación a la vida deportiva puede llevar meses.

 

La fascia plantar es un tejido acintado que se localiza en la planta del pie y que se abre, a modo de abanico, desde el hueso del talón o calcáneo, hasta la región anterior del pie.

Su misión es la de amortiguar y dar soporte al pie cuando caminamos, corremos o saltamos. Es una estructura que sufre y se inflama en deportes como el correr, fútbol o baloncesto, pudiendo provocar una multitud de molestias y dolores que pueden llegar a impedir la práctica deportiva.

En las personas corrientes, el trabajo de hostelería, peluquería, o todo el que tenga que caminar mucho o permanecer de pie largo rato, son candidatos a padecerla. Es una lesión muy pesada, ya que se alarga en el tiempo si no se trata correctamente.

¿Cómo se produce?

La sobrecarga de la aponeurosis plantar puede ser debida a un apoyo plantar anómalo como es el caso de los pies cavos que son aquellos que tienen un arco del pie excesivo, niveles elevados de actividad física, sobrepeso, personas que permanecen mucho tiempo de pie o cambios en el calzado, generalmente, con los calzados nuevos.

Recuerdo un mes de octubre de hace años. Tras operar durante horas a un paciente, de pie, salí del quirófano con malestar en el talón. Al día siguiente casi no podía caminar

¿Dónde duele?

El paciente refiere dolor en la parte interna del talón que empeora llegando a provocar cojera al levantarse de la cama o tras permanecer un tiempo sentado, y que se alivia transcurridos unos pasos.

También se aprecia un empeoramiento nocturno. La palpación medial del origen de la fascia plantar en el talón es dolorosa, pudiendo identificarse, perfectamente el punto doloroso, a punta de dedo. Puede aparecer dolor cuando se encogen los dedos del pie o se gira éste hacia adentro o afuera. El dolor puede irradiarse hacia la zona anterior del pie.

Si hacemos deporte, el dolor irá disminuyendo conforme la fascia se va calentando, pudiendo llegar a pasar desapercibido. Sin embargo, cuando, una vez acabado el ejercicio, el pie se enfría, el paciente nota un importante dolor en la parte posterior del arco del pie que puede llegar a provocar cojera y que puede durar dos o tres días.

Sin embargo, cuando, una vez acabado el ejercicio, el pie se enfría, el paciente nota un importante dolor en la parte posterior del arco del pie que puede llegar a provocar cojera y que puede durar dos o tres días.

Hay que insistir que el dolor no viene porque el espolón provoque literalmente un pinchazo en la planta. El espolón es la calcificación del tendón en su unión con el hueso. Ese tejido con calcio, no es elástico como el tendón original; se retrae y encoge durante la noche.

Por ello, con el primer paso del día, y al estirarse de golpe, duele. Mientras caminamos y el tendón está caliente, es como que se tranquiliza, pero al reposar, vuelve a provocar dolor.

¿Cómo se diagnostica?

En el estudio con Rx a veces se aprecia una calcificación del tubérculo posterointerno del calcáneo o hueso del talón, debido a las tracciones sucesivas de la fascia plantar; es lo que se denomina espolón calcáneo.

Además, a veces puede completarse el estudio de la fascia plantar con imágenes de ecografía o resonancia magnética.

Estas pruebas son obligatorias en caso de dolor brusco o de gran inflamación o impotencia funcional, para descartar una rotura aguda de la fascia. En este último caso, el paciente nota un pinchazo o dolor brusco en la región donde acaba el arco del pie, pudiendo apreciarse un hematoma al cabo de varios días.

Si el dolor no cede con reposo deportivo y medicación antinflamatoria. Si limita las actividades de la vida diaria o si el dolor llega a provocar cojera.

¿Hay que operar?

El tratamiento de la fascitis plantar consiste inicialmente en dar más reposo al pie, disminuir el tiempo de carrera y caminar menos, así como reducir el tiempo que pasamos de pie. La mejoría suele ser lenta y si no se toma en serio, el proceso se hace crónico.

Si hay inflamación, puede ponerse frío local. Es importante prestar atención al calzado que puede haber sido el desencadenante de la lesión, y cambiarlo. En algunos casos recomendamos el uso de taloneras o de plantillas a medida para descarga de la fascia plantar.

Dichas plantillas debemos llevarlas puestas todo el día para que, de esta manera, dicha fascia no tenga una tensión excesiva y la inflamación vaya cediendo.

Los ejercicios de estiramiento tanto del tendón de Aquiles como de la fascia plantar son muy aconsejables y debemos realizarlos en numerosas ocasiones durante el día.

La fisioterapia siempre es una ayuda, debe basarse en la terapia manual y complementarse con algunas técnicas de electroterapia, como Técar.

Cuando parece que las molestias se eternizan y el paciente se desespera, podemos plantear otras alternativas terapéuticas. Las infiltraciones con un corticoide son una opción cuando existe mucho dolor, pero no deben repetirse si no tienen efecto y nunca más de tres veces.

Es un tratamiento que suele dar buen resultado ya que introducimos una dosis pequeña de un antiinflamatorio muy potente, pero justo donde se encuentra la inflamación. Dicha medicación infiltrada, actúa únicamente a nivel local y a dosis muy superiores que las que se pueden alcanzar con cualquier antiinflamatorio oral.

El tratamiento con Ondas de Choque Extracorpóreas no es invasivo y es una buena opción si no mejora el paciente tras unos meses.

Las inyecciones con Plasma Rico en Plaquetas pueden favorecer la regeneración de la zona, ya que se activa la cascada inflamatoria que inicia el proceso de reparación, que en los casos crónicos se ha visto interrumpido y no se ha completado, por lo que persisten las molestias.

Como último recurso, en el caso de que todos los tratamientos anteriores no hayan dado el resultado esperado, se puede plantear la opción quirúrgica.

La cirugía consiste en soltar parcialmente la fascia en la zona de su inserción en el hueso del talón, donde está la zona dañada. Puede hacerse de forma percutánea, es decir, sin usar una incisión estándar, a través de un punto, siendo de esta forma posible también resecar el espolón calcáneo. También puede introducirse una pequeña óptica para hacer la liberación o fasciotomia de forma endoscópica.

En casos rebeldes o de fracaso de todo lo expuesto anteriormente se debe realizar una exposición abierta de la zona y hacer fasciotomia parcial o total además de liberación de las ramas nerviosas que pueden verse afectadas por el proceso crónico.

La recuperación en ningún caso es inmediata, sino que es habitual que la recuperación de la vida normal se haga de forma progresiva. La reincorporación a la vida deportiva puede llevar meses ya que hay que readaptar la nueva situación del pie, para evitar que la pisada sea dolorosa y no se obtenga el beneficio pretendido con la intervención quirúrgica.